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6 agosto, 2026
Writtern by
Bojuna
Cuando entras en una oficina de planta abierta moderna, lo primero que suele llamar la atención es la amplitud visual. Eso y que ya nunca hay percheros. Sin embargo, lo segundo, y lo que verdaderamente dicta si vas a tener un buen día o si vas a terminar con dolor de cabeza, es el paisaje sonoro. El diseño de espacios de trabajo ha evolucionado hacia la integración, pero esta tendencia ha destapado un gran enemigo invisible, también conocido como el ruido de pasillo que interfiere directamente en las zonas de alta concentración.

La solución pasa por dominar el concepto de zonas de transición acústica. Hablamos de franjas de amortiguación estratégicas que combinan la absorción de materiales avanzados con una distribución espacial inteligente basada en la física del sonido.
Como con cualquier tipo de problema, para entenderlo y ver cómo superarlo, primero debemos cuantificarlo. El oído humano no responde de forma lineal al ruido, sino exponencial, y las interferencias de la palabra (el llamado Speech Transmission Index o STI) son el factor que más interrupciones causa en el cerebro. Cuando un empleado camina por un pasillo adyacente a los puestos de trabajo hablando con un compañero, genera un nivel de presión acústica que rompe drásticamente el confort ambiental necesario para tareas cognitivas complejas.
La siguiente tabla muestra los niveles de ruido recomendados frente a la cruda realidad de un pasillo sin tratamiento de transición acústica:
| Tipo de espacio / Zona de la oficina | Nivel de ruido ideal recomendado (dB) | Nivel real en pasillo sin tratar (dB) | Impacto directo en las mesas adyacentes |
| Puestos de trabajo fijo (Área de esas) | 40 – 45 dB | 55 – 60 dB | Pérdida de concentración inmediata. |
| Pasillos y zonas de circulación | 50 – 55 dB | 65 – 72 dB | Propagación del sonido por reflexión en paramentos duros. |
| Salas de reuniones integradas | 35 – 40 dB | 50 – 55 dB | Falta de privacidad y filtración de conversaciones. |
De todos modos, el verdadero problema lo tenemos en que un aumento de tan solo 3 dB en el ambiente implica duplicar la intensidad de la energía acústica. Si el pasillo adyacente sitúa el entorno en los 55 dB debido al tránsito constante, los profesionales que ocupan las mesas más cercanas están soportando hasta cuatro veces más presión sonora de la recomendada para mantener el foco. Lo raro es que sepan cómo se llaman y en qué están trabajando.
No podemos mitigar lo que no controlamos arquitectónicamente. Es un hecho, por eso en Bojuna abordamos el diseño de las zonas de transición utilizando tres variables físicas críticas:

¿Cómo influyen las distancias de aislamiento y los coeficientes de absorción en la inteligibilidad de la palabra no deseada a diferentes tramos de la zona de mesas? Veámoslo a continuación en la siguiente tabla:
| Distancia de la mesa al eje del pasillo (m) | Caída de nivel de ruido con techo estándar (w=0.15) | Caída de nivel con techo acústico de transición (αw=0.90) | Nivel de privacidad logrado |
| 1.5 metros | – 2 dB | – 6 dB | Crítico (Distracción muy alta si hay paso de personas). |
| 3.0 metros | – 4 dB | – 11 dB | Aceptable (La voz se percibe pero no se entienden las frases de fondo). |
| 5.0 metros | – 7 dB | – 18 dB | Excelente (Confort acústico óptimo para el puesto operativo). |
“Es que no quiero habilitar una barrera” Y no tienes por qué hacerlo. Porque para implantar una zona de transición acústica eficaz sin perder la fluidez espacial que buscas para tus oficinas, empleamos soluciones constructivas de última generación que segmentan el comportamiento del sonido de manera invisible.
Colocar las mesas pegadas al pasillo es un error de distribución grave. En su lugar, el espacio intermedio debe poblarse con elementos que rompan la onda sonora. Hablamos de estanterías modulares fonoabsorbentes, taquillas revestidas con paneles de fieltro de PET reciclado o jardineras con vegetación densa preservada. Estos elementos actúan como difractores acústicos difuminando la energía del ruido de paso.
En el pasillo propiamente dicho, instalamos techos con altas propiedades de absorción. Si la estética corporativa exige hormigón visto o instalaciones vistas en el área de mesas, la zona de paso debe compensar ese déficit actuando como una esponja acústica. Al bajar ligeramente la altura del techo en el pasillo e incorporar placas de fibra de vidrio de alta densidad, creamos un foso que atrapa las ondas sonoras antes de que se desplacen lateralmente.

El calzado es uno de los mayores emisores de frecuencias medias y altas (los molestos impactos agudos). La transición debe ser también podotáctil. Pasar de un suelo técnico de microcemento o vinilo rígido en el pasillo central, a una moqueta acústica en losetas con subbase de fieltro (tipo Interface o Tarkett, por poner un par de ejemplos) en la zona intermedia de aproximación, puede reducir el ruido de impacto en hasta 25 dB de golpe. Para que te hagas una idea, no se oiría a tu compañero que da golpecitos con el pie, o a tu compañera que siempre se la oye con sus tacones por la oficina.
No veas el invertir en el acondicionamiento de estas áreas de transición como una decisión puramente estética. Hay que verla como lo que es, una optimización financiera de los metros cuadrados de tu oficina. Los estudios de ergonomía laboral de la Asociación Española de Calidad (AEC) y otros organismos internacionales del entorno, como WELL Building Standard, demuestran que el ruido de fondo inadecuado reduce la productividad un 15% y eleva los niveles de estrés laboral un 27%.
Luego que por qué no te rinden tus empleados.
Salvo que la reforma o construcción de tus espacios haya pasado por nuestras manos ya que aplicamos soluciones avaladas por normativas estrictas de habitabilidad e higiene laboral.
Como ves, hay mil opciones y unas te serán más válidas que otras, claro está. Por eso es importante contactar antes con un profesional. Con alguien con sobrada experiencia. Con una empresa que lleva ya 50 años en el sector.
Quizás podrías empezar por nosotros. Nosotros, estaremos encantados de ayudarte.